lunes, 26 de septiembre de 2011

EL PROCESO DE ESCRITURA

¿QUÉ ES EL PROCESO DE ESCRITURA?

El proceso consiste en una serie de pasos que normalmente se siguen para escribir, ya sea un ensayo, un cuento, un poema, una carta, un aviso publicitario, etc. Al utilizarlo se mejora el producto final. Para el escritor profesional esto significa aumentar sus ventas; para el estudiante es la manera de entender con mayor claridad un tema, de organizar mejor sus pensamientos y de obtener mejores evaluaciones o puntajes en los trabajos escritos de la universidad.

¿ES LA ESCRITURA LA ÚNICA DISCIPLINA QUE REQUIERE UN PROCESO LARGO?


Por supuesto que no. ¿Consigue un músico componer una canción o una sinfonía en el primer intento? Algunos piensan que Mozart fue el que estuvo más cerca de lograr esta hazaña, pero él era un compositor extremadamente talentoso. Los Beatles trabajaron largas horas componiendo y ensayando las canciones que los diferenciaron e hicieron tan famosos. Fijémonos también en las pinturas que sobre el mismo tema repitieron una y otra vez los grandes artistas, parecían coaccionados a pintar el tema una vez más, mejor que la última vez. Sus estudios están llenos de bocetos de ensayos que no prosperaron. Los muchos intentos de Van Gogh para “capturar” un girasol han hecho famosa ésta flor. Los arquitectos necesitan tener ideas antes de realizar los planos para un proyecto.

LOS PASOS DEL PROCESO DE ESCRITURA

Es importante recordar que los escritores se mueven adelante y atrás durante todo el proceso de escritura. Muchos de ellos utilizan los siguientes pasos:

PRE-ESCRITURA:

Consiste la pre-escritura en una serie de actividades que se deben llevar a cabo para buscar un tópico, escoger un género (forma de escritura), producir ideas, conseguir información, y precisar la audiencia

Razones para Escribir:

¿Cuál es la razón para escribir? ¿Para cumplir con una tarea o trabajo? ¿Para convencer a alguien y ponerlo de acuerdo con determinadas ideas? ¿Para responder a algo que se ha leído? ¿Para dar una opinión? ¿Para expresar ideas personales? ¿Para divertir?.


Estos son algunos de los motivos para escribir. Algunas veces existe más de una razón para hacerlo, estas deben reconocerse y tenerse en mente durante el proceso de escritura. Se pueden poner por escrito algunos de esos motivos y referirse a ellos ocasionalmente.

¿Quién es la audiencia?:

Es importante saber quién va a leer el escrito. En el salón de clase, en general, lo hace el maestro(a), pero también otra audiencia lo puede hacer. Es conveniente anotar quién es la audiencia y referirse a ella ocasionalmente.

Encontrar un tópico:

Algunas veces el tópico lo escoge el Maestro(a) para una prueba o examen, etc. Sin embargo, en ocasiones el escritor es quién debe generar el tópico. Las experiencias personales, los eventos presentes o pasados, o lo que el estudiante se imagina se pueden utilizar. Hay que pensar en la audiencia y en lo que a ésta le pueda interesar, o simplemente comenzar a escribir espontáneamente y generar pensamientos que permitan o ayuden a construir una historia. Se debe hacer una nota sobre el tópico y referirse a éste ocasionalmente.

Lluvia de Ideas:

Se debe tratar de agrupar el tópico como un núcleo central y escribir alrededor de éste las ideas y palabras que vengan a la mente Se pueden utilizar las siguientes preguntas: ¿quién?, ¿qué?, ¿dónde?, ¿cuándo?, ¿por qué?. Se hace una lista. Se pueden usar los sentidos: el oído, la vista, el tacto, el olfato, y el gusto. Se puede ensayar a escribir espontáneamente sobre el tópico. ¿Se puede argumentar el tópico? Si es así, ¿cómo? ¿A que hace referencia el tópico? ¿Cómo afecta a otras personas? ¿Es humorístico o serio? ¿Qué conoce la audiencia sobre el tópico? Ocasionalmente se puede referir a la lluvia de ideas.

Búsqueda, investigación:

¿Qué sabe usted sobre el tópico? ¿Qué necesita saber? ¿Qué necesita saber la audiencia sobre éste? Busque o investigue al iniciar el proceso no después de que haya comenzado a escribir. Una vez que haya recolectado la información que necesita, refiérase a ella ocasionalmente. No todos los tópicos van a necesitar investigación.

BORRADOR:

Durante esta etapa del proceso se escribe un primer borrador en papel. Se usa una idea principal sobre el tópico, y es bueno recordar que ésta puede cambiar durante el proceso de escritura. Si el problema es de “bloqueo”, ponga en el papel ideas muy básicas. La forma de acercarse a la escritura va a depender de si se quiere escribir ficción o no ficción (realidad), si existe un límite de tiempo para hacerlo y si el paso de pre-escritura fue productivo

REVISIÓN:

Lo ideal es realizar el borrador con el Procesador de Texto del computador. Esto permite revisar más fácilmente. Pero se debe tener en cuenta que el computador en muchas ocasiones no le permite al escritor, ver la totalidad del texto que ha escrito. Cuando se complete el borrador, se puede imprimir una copia. En ella se deben buscar omisiones, repeticiones innecesarias, e información poco clara o que definitivamente sobra. Se debe evaluar que tan cerca se está de escribir sobre el punto focal del tópico. Se puede preguntar en este punto ¿si hace sentido lo que se ha escrito y si es interesante?

La palabra revisión viene de dos palabras latinas “re” que quiere decir otra vez y “vis” que significa mirar u observar algo. Las revisiones tienen por objeto mirar nuevamente lo que se ha escrito para mejorarlo. En este paso, se analiza el contenido, se corrigen los errores, y se suprime lo que no es apropiado. Se reacomodan algunas partes para que el significado sea más claro o más interesante.

Las decisiones que se toman en la revisión están controladas por el tópico escogido y las limitaciones que éste tiene. Es fundamental tener una frase clara sobre el tópico o una frase en la que se plantee explícitamente la tesis de éste. Se puede solicitar a un compañero que lea el trabajo y que explique cuál es el tópico.

CORRECCIÓN / EDICCIÓN:

La elaboración de un borrador y la revisión de éste se pueden repetir hasta que se logre una prueba satisfactoria. Cuando se llega a la revisión final, se debe hacer una corrección final y editar el trabajo; esto a veces se conoce como cirugía cosmética.
Se debe verificar lo siguiente:

Ortografía, mayúsculas y puntuación

Partes de las oraciones

Que no haya repeticiones

Errores en el tiempo de los verbos y concordancia en ellos ; concordancia entre sustantivos y pronombres

Información que falta o se ha perdido

Los hechos deben concordar con la investigación

Voz que se escogió

domingo, 21 de agosto de 2011

“SANTO DOMINGO AÑO CERO Y EN CURSO O LA CONTINUIDAD DE UN DIÁLOGO PENDIENTE”

Por Valentín Amaro


“Pero estar en conversación significa salir de sí mismo,

pensar con el otro y volver sobre sí mismo como otro”.


Esta frase que acabo de citar y que está en el libro que presentamos hoy es de Hans-Georg Gadamer, filósofo y hermeneuta alemán y que bien nos puede dar desde mi punto de vista, algunas de las claves de este nuevo libro de Orlando Muñoz, titulado “Santo Domingo. Año cero y en curso”.

Hace ya casi una década en el escenario del Taller Literario César Vallejo hemos aprendido que toda gran literatura es una conversación en el tiempo. Orlando Muñoz, educador, poeta y vidente de su tiempo ha sido uno de los más insistentes en señalar esta frase. Por ello su libro “Santo Domingo, año cero y en curso” es justamente una conversación donde su autor ha elegido salir de sí mismo, pensar con los otros y volver sobre sí mismo como otro.

Para esta conversación ha elegido lo mejor de la tradición poética dominicana. Su diálogo va desde la insigne Salomé Ureña de Henríquez hasta el siempre recordado y necesario René del Risco Bermúdez. Son los poetas de su media isla los que le dan razón para el grito y la denuncia

Porque como siempre y como todos seguimos buscando el amor por la tarde

y en los ojos de un ángel alguna ilusión

Porque he aquí en la primera parte de este intenso poemario la república en su año cero permanente.

E inicia el diálogo haciendo la connotación de esas voces que todavía transitan la ciudad:

Allí donde hoy la luz

No puede conjugarnos

Deambulan por el aire

Las almas en pena

Y al conversar con nuestra poeta nacional Salomé Ureña grita:

¡Pobre de ti

Y pobre de nuestra patria, Salomé!

¡Ni esplendor

Ni memorias venerandas

Ni soberbios monumentos…!

Todo esto porque la ciudad es la misma. Las ruinas a las que hizo referencia Salomé persisten. No han bastado los tímidos verdores que a veces llegan. Somos una idea extrañamente inconclusa, pendiente.

Y es entonces que llega el turno a Don Pedro Mir:

fluvial y triste y liviana

como ala de murciélago en la brisa

Y en la elegida intertextualidad que caracteriza a este libro pregunta,

¿Quién la busca, Pedro?

¿Quién pregunta por ella?

Y ya en el momento del encuentro con René del Risco, uno que al parecer no acaba de marcharse y camina más que nunca esta ciudad cada día y nos encuentra y nos grita que una inexorable soledad de café / de implacables ojeras, de ceniza

Porque el mismo viento frío sigue acercando su hocico hasta nosotros, un viento frío que aumenta el miedo, el presagio y la carga.

Leer a Orlando Muñoz en “Santo Domingo, año cero y en curso” es acercarnos, sin lugar a dudas a uno de los creadores más concientes de su oficio, de su llamado en este tiempo. Cada palabra, cada estrategia escritural dispuesta en estas páginas es muestra de un creador que sabe que la poesía es y lo repito un verdadero llamado, un sacerdocio.

Los poemas de este libro y del comentario que hago pueden parecer pesimistas. Pero no, los mismos convocan una carga de intimidad, una resonancia afectiva, como una melancolía guardada y recóndita que el poeta libera al rozar con la palabra sus objetos conductores. La fuerza está en la imagen y en la emoción difusa que ella contiene. Estas imágenes revelan secretamente un mundo, un universo poético, una manera de mirar.

Ya al final del texto el vidente invita a formar otra nación a sabiendas de que los dueños del tiempo son crueles / prometen / olvidan / se lavan las manos que depredan, sonríen y traman espantos

Y es que a pesar de todo añoramos participar del milagro alguna vez.

Enhorabuena este nuevo poemario de Orlando Muñoz quien sin duda alguna es, como bien afirma Miguel Antonio Jiménez, “la conciencia cultural y literaria de la actual generación”.

República Dominicana y su tradición de talleres o grupos literarios.

(Notas para un ensayo sobre la historia e incidencia de los grupos o talleres literarios en nuestro país.)
Por William Mejía y Valentín Amaro
Es larga la tradición de las agrupaciones literarias en República Dominicana, así como también muchos los aportes que éstas han brindado al país. Desde la casa de la familia Henríquez Ureña, el Vedrinismo de Virgil Díaz, en 1912, pasando por la aparición del postumismo, de Domingo Moreno Jimenes, en 1921; el surgimiento del Grupo La Cueva, en 1930, del cual formaron parte el poeta Enrique Henríquez, Ramón Marrero Aristy y Juan Bosch; la agrupación “Los Nuevos”, dirigida por los hermanos Suro, en la Vega, en 1936; los integrantes de la “Poesía Sorprendida”, en 1943, y los poetas de la Generación del 48.
En la segunda mitad del siglo XX la primera agrupación que se creó fue Amidverza, fundada en Pimenel, Provincia Duarte, en marzo de 1961. El grupo se declaró desde el inicio como “amigos de la verdad y de la belleza”. Ésta tuvo dos presidentes: Francisco Nolasco Cordero y Manuel Mora Serrano. Luego formaron parte Elpidio Guillén Peña, Freddy Ortiz Landrón, Mendy López Quintero (el locutor deportivo), Osvaldo Cepeda y Cepeda, Héctor Polanco Pérez, Benigno Taveras Castro, Pedro Grullón Antigua, Héctor Amarante y Heddel Cordero. De manera general prestaban libros a los muchachos y veían sus trabajos, pero, dentro de la agrupación, hubo un núcleo que se formó espontáneamente, llamado por Mora Serrano "Gota de Cocodrilo", por un verso de Lorca (Lagarto, gota de cocodrilo), que los encantó, “por ser un verso ultraísta legítimo”, de éste formaron parte Cepeda y Cepeda y Freddy Ortiz, como figuras principales.
Es oportuno recordar lo ocurrido en abril de 1965, cuando el pueblo se levantó en armas para volver al orden constitucional que había sido quebrantado por el derrocamiento del Presidente Juan Bosch, en 1963. Fue en la zona constitucionalista que surgió El Frente Cultural, dirigido por Silvano Lora, Antonio Lockward Artiles y René del Risco, así como la agrupación artística Arte y Liberación.
Luego de finalizada la guerra, los artistas y escritores que participaron en ella comenzaron a organizar los grupos literarios, entre ellos, La Máscara (1965), El Puño (1965), La Isla (1966), La Antorcha (1967) y La Roca (1967), este último fundado por José Rafael Lantigua, en Moca.
El primer taller literario propiamente dicho del país fue fundado en 1967 por Bruno Rosario Candelier, en la Escuela Normal de Maestros Teodoro Henequén, de Licey al Medio, Santiago. Éste se llamó Grupo Literario Littera, y, como nos confesara el mismo Rosario Candelier, en este taller hizo sus pinitos el hoy destacado escritor José Enrique García.
En 1973 se creó el Círculo de Jóvenes Escritores de Neyba (CIJONE), y su fundador fue Eddy Mateo Vásquez. A éste estuvieron integrados, entre otros, Julio Cuevas, Fernando Fernández, Amílcar Herazme y Ángel Gonzaga Peña.
Mientras que en 1974 se creó en San José de Ocoa el Grupo Literario Nuevo Sendero, dependiente del club cultural del mismo nombre. Su fundador fue William Mejía; y entre sus integrantes figuran Pascual Casado, Benedicto Tejeda, Tilito Calderón, Felipe Soto, Rafael Arias y José Melo. Luego se integraron Rafael Medina y Carlos Alberto.
En 1978, Bruno Rosario Candelier fundó en Moca el Taller Literario Octavio Guzmán Carretero. Como parte de este colectivo figuraron Pedro Ovalles, Carlos Pérez, Juan Pablo Acosta, Aquiles Almonte, Juana Elodia Peralta y Milcíades Frías, entre otros.
También en 1978 se formó en Santo Domingo el Núcleo de Escritores Jacques Viau. Allí se reunían Rafael Peralta Romero, Aquiles Julián, Héctor Jerez, Federico Sánchez, Juan Freddy Armando, Julio Cuevas y Tomás Castro.
Llegado el año 1979, y a raíz de la experiencia que había tenido al conocer directamente los talleres organizados por el legendario poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, Mateo Morrison fundó en la Universidad Autónoma de Santo Domingo el Taller Literario César Vallejo. De este importante taller surgió la denominada generación de los ochenta.
En ese mismo 1979 algunos de los integrantes del Jacques Viau se fusionaron con el grupo que formó el Taller Literario César Vallejo, el cual estaba integrado entonces por José Mármol, Mayra Alemán, Dionisio de Jesús, Plinio Chahín, Ylonca Nacidit Perdomo, Tomás Castro, Rafael García Romero, Miguel A. Jiménez, Tomás Modesto y Franklin Gutiérrez.
A principios de 1980 se creó el Grupo de Escritores del Cibao, fundado por Bruno Rosario Candelier. Entre sus integrantes figuraron Cayo Claudio Espinal, Alberto Peña Lebrón, Pedro Pompeyo Rosario, Sally Rodríguez, Pedro José Gris, José Enrique García, Pedro Camilo y Emelda Ramos, entre otros.
Mientras tanto, como consecuencia de la euforia creada por el lanzamiento del Vallejo, se creó en Azua, en 1980, el Círculo de Estudios Literarios Azuanos (CIELA), integrado por Virgilio López, Rannel Báez, Emilia Pereyra, Otto Milanese, Fabiola Césdepes, Ninfa Estrada y Víctor Mejía, entre otros.
En 1981 se fundó en San Francisco de Macorís el Taller Literario Búsqueda, y entre sus integrantes figuraron Radhamés Polanco, Osiris Mosquea y Noé Zayas.
Al mismo tiempo, en San José de Ocoa, William Mejía fundó, en ese 1981, el Grupo Literario Voz Perdida, con el concepto de libertad estética. Quedó integrado, entre otros, por Ramona Santana, Carlos Alberto, Enriquillo Nova, Rafael Medina, Darío Tejeda y Franklin Mejía.
A instancias del Taller César Vallejo, de la UASD, y con la asesoría del escritor Miguel Aníbal Perdomo, se creó en 1982 el Taller Literario de Barahona (TALIBA); integrado, entre otros, por Víctor Cuello, Henry Cuello, José Roberto Ramírez, Amauris Terrero Sánchez y Persia Méndez.
En ese mismo año, 1982, se creó en Higüey el “Círculo Literario José Audilio Santana”, con el respaldo de Monseñor Benito de la Rosa y Carpio y con Miguel Ángel Fornerín como coordinador. Éste grupo estuvo funcionando durante diez años.
Para el año 1983 se creó en Baní el Taller Literario Banilejo. Su fundador fue Ismael Díaz Melo, y otros integrantes fueron Elías González, Reynaldo Tejeda Franco, Luis Esteban Bernabel, Manuel Braulio Pérez y Rómulo Pérez, entre otros. Mantuvo por mucho tiempo la página literaria La Caoba, en el periódico El Serie 3.
En 1983 se fundó el Colectivo de Escritores Romanenses, integrado, entre otros, por Avelino Stanley, Miguel Ángel Gómez, Isael Pérez, Gabino Severino, Daniel Johnson Benoit y Frank Núñez.
Otro taller al que debemos hacer mención en este trabajo es el Círculo Literario Domingo Moreno Jimenes, surgido en 1983, en Santo Domingo, con un boletín, especie de hoja volante, donde publicaba sus versos y opiniones. El Moreno Jimenes estaba integrado por Marcos A. Martínez, Evan Lewis, Médar Serrata y Adrián Javier. Este círculo literario tenía su centro de operaciones en el ensanche Alma Rosa, del hoy municipio Santo Domingo Este.
En el mismo año 1983 se creó en Las Matas de Santa Cruz el Círculo Literario Yarey. Sus fundadores fueron Bergson Rosario y Yoryi Pimentel. Entre sus demás integrantes figuraban Manuel Rosario, Joaquín Taveras Estévez, Olovat Raznilopa y Eva Funes.
En 1984 se creó el Colectivo de Escritores Baoruco. Su fundador fue Abraham Méndez, y lo integraban además Víctor Díaz Peña, Dan Acosta, Oscar Acosta, Virgen Florián y Mercedes Sena, entre otros; pero de inmediato se escindió, quedando formado, en 1985, el Grupo Literario Guayacán, fundado por Wilson Díaz e integrado también por Oscar Acosta, Pablo Pérez, Dan Acosta y Ramón Antonio Pérez, entre otros.
Para el año 1985 se creó el Taller Literario Juan de Jesús Reyes, dependiente del Centro Universitario de la Universidad Autónoma de Santo Domingo en Mao, provincia Valverde –más tarde se independizó–. Su fundador fue Enmanuel Rodríguez, y entre sus integrantes figuraron Juan Diehpd, Carlos Reyes, Eduardo Espinal, Juan Bautista Valdez, William Nivar y Randolfo Ariostto.
En 1987 se creó en San Francisco de Macorís el Taller Literario Yocahu, en el que se integran Noé Zayas, Víctor Elena y Ramón Matrillé.
Mientras que en 1989 apareció en San Pedro de Macorís el Círculo Literario Camino Real, el cual fue fundado por Robert Berroa e integrado además por Benito Ángeles Nieves, Víctor Alcántara, Milcíades Hubiera, Horacio Nadal y Simeón Arredondo.
También en 1989, Abraham Méndez creó en Neyba el Círculo de Escritores Post Tierra, de tendencia postumista, e integrado, entre otros por Fernando Fernández, Lluberis Brito, Leoncio Nova, Guillerma Vázquez, Óscar y Dan Acosta y Leoncio Nova.
En ese mismo año 1989 se creó en Baní el Taller Literario Héctor Colombino Perelló, el cual estuvo integrado por Michael Alonzo Pujols, Natacha Félix Franco, Héctor Peguero, Manuel Braulio Pérez y Reynaldo Tejeda Franco, entre otros.
En 1990 el crítico literario y narrador Bruno Rosario Candelier fundó, en Moca, el Ateneo Insular, y a partir de ahí esta institución ha creado decenas de talleres literarios en todo el país, y ha propiciado el surgimiento de importantes creadores. Los integrantes practican la poética interior.
Para ese mismo año de 1990 se creó en Puerto Plata el Grupo Literario Salomé Ureña, fundado por René Merette. Entre sus integrantes figuraron Wady Musa, Franklin Álvarez, Arsenio Díaz, Aglae Echeverría, Antonio Cruz Portes y María Olivares.
También en el 1990, en Constanza Julio Adames fundó el Círculo Literario ATALAYA, sus integrantes fueron Juan Antonio Batista, David Martínez, Roberto Ortiz, entre otros.
En 1992 se creó en Dajabón el Taller Literario Bolívar Belliard Sarubi, fundado por Rubén Villalona y Norma Holguín, e integrado además por Aristóteles Ponserrate Domínguez, Guarionex Ponserrate, Sergio Reyes y Domingo Contreras.
En la barriada de Los Mina fue creado en 1992 el Taller Literario Juan Sánchez Lamouth, fundado por Jorge Jiménez. Este taller utilizaba la parte trasera de la iglesia de “Los Mina Viejo” para realizar sus reuniones. Está liderado actualmente por Miguel Felipe Jiménez.
También en el año 1994 se creó en el Centro Regional de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (CURSA), en Santiago, el Taller Literario Virgilio Díaz Grullón, fundado por Enegildo Peña. Entre sus integrantes figuraron, entre otros, Luisa Martínez, Manuel Ureña, Alejandra Vásquez, Carlos Arroyo, Miguelina Parra y Noris Pérez.
En 1994, Noé Zayas creó el Taller Literario Universitario Domingo Moreno Jimenes, en el CURNE, San Francisco de Macorís. Entre sus integrantes destacados figuraron Víctor Saldaña, Juan Gelabel, Ramón A. Jiménez y Juan Olivo. Éste pasó luego a ser asesorado por Juan Gelabert.
Para el año 1995 se creó en Montecristy el Grupo Literario Chery Jiménez Rivera, integrado por Vidal Cabrera, Olga Lobetty, Eduardo Tavárez Justo, Evangelina Socías, Luis Minier, Ramón Helena, Elsa Vargas, María Hurtado y Mariana Aguilera.
Con la llegada del Presidente Leonel Fernández al poder, en el año 1996, se creó el Consejo Presidencial de Cultura, el cual fue el organismo previo a la hoy Secretaría de Estado de Cultura. Dentro de este Consejo, que presidía el poeta Mateo Morrison, se creó la Unidad de Talleres Literarios. Esta unidad estaba coordinada por el escritor José Bobadilla, quien recorrió buena parte del país fundando talleres literarios y creando las bases para la conformación de redes de talleres literarios. Fruto de este esfuerzo hoy día podemos hablar de talleres literarios en San Cristóbal, Santo Domingo Norte y otras zonas del país.
Para el año 1996 se creó en la Universidad Nordestana de San Francisco de Macorís el Taller Literario José Lezama Lima. Entre sus integrantes más destacados figuraron Víctor Saldaña, Albany Aquino y José Martín Paulino.
En el año de 1997 fue fundado el Círculo Literario El Aleph. Su lugar de reunión fue el pasillo oriental de la Biblioteca Nacional de Santo Domingo, por iniciativa de Kary Alba Rocha Arias, Tomiko Castro y José Antonio Canto, a quienes al poco tiempo se sumaron Yabel Tavárez, Willy Ramírez, Luis Amauris de los Santos, Bergson Rosario y Orlando Muñoz y Rhinna Medina. Más adelante lo hicieron Frank Báez, Paúl Álvarez, Santiago Núñez, Maickel Ronzino, Flavio E. Peña, Duleidys Rodríguez, Domingo Guerrero, Julio Durán, Cruz María Dotel, Miguel R. Hernández, Valentín Amaro, Pedro J. Ortega, Carmen Karina Castillo, Esther Karina Amaro, Sarah Amaro Castillo, Juan F. Taveras, Laura Peralta y Eduardo Sorribas, entre otros. El grupo presenta trabajos en todos los géneros literarios (poemas, narrativa, teatro, reseñas, ensayos, editoriales) y desde 1999 decidió difundirlos en una revista, de la cual hasta la fecha se han publicado unos once números.
También, en el año 1997 se formó el Grupo Literario Proyección Artística 2000, en San Cristóbal. El fundador fue Amado Alexis Chalas y los integrantes fueron Ramón Mesa, Aníbal Montaño, Jorge Luis Soto, Isabel Florentino y Jesús Cordero.
En el mismo 1997 se fundó en Montecristy el Grupo Literario Andrés Avelino García, integrado por Olga Lobetty, Elízabeth Simó, Arismendy Rivas y Harlen Gómez.
En 1998, William Mejía creó en Azua el Taller Literario Ateneísta (Talía), el cual quedó integrado por Luis Therko Vargas, Raysa Saviñón y Bayardo Ortiz, entre otros. La línea fundamental de este grupo de creación artística era la absoluta libertad estética de sus integrantes.
De igual modo, en ese mismo año 1998, Nan Chevalier y Eulogio Javier crearon en la Universidad Autónoma de Santo Domingo el Taller Literario Víctor Villegas, el cual quedó integrado, entre otros, por Miguel Ibarra, Pablo Reyes y Eladio de los Santos.
También en 1998 se creó en San José de Ocoa el Taller Literario Núñez de Cáceres, el cual fue fundado por Sonia Lluberes. Entre sus integrantes destacados, premiados en varios concursos jóvenes, figuran Elvin Mordán, Nieves Mena, Nerys Ramírez, Laura Rachel Bather, Greidis Roa y Daniel Arias.
En el 1998, Orlando Cordero, José Calderón y Melvin Arias fundaron el Taller Literario Antonio Fernández Spencer.
En el año 2000 se creó en San Cristóbal, a partir del Grupo Artístico 2000, el Taller Literario Yelidá, que tenía como punto de reunión la Librería Thesaurus.
Se fundó el Taller Literario Yaque Herrera, en San Juan de la Maguana, también en el año 2000; integrado, entre otros, por Benito Alcántara, Caonabo Peña, Xiomara Domínguez, Héctor Sención, Héctor Solano, Felipe De la Cruz y Roberto Canario.
En 2003 se creó en Santiago el Círculo Literario Profesor Juan Bosch, fundado por Ysacs Rigoberto Vásquez, y lo integraron, entre otros, Sandy Valerio, Alejandro Ovalles, Ramón Marte y Evelin García.
Para ese mismo año 2003 reapareció en Higüey el Taller Literario “José Audilio Santana”, fundado por Mónica Galleano Lehmann. El nombre fue sugerido por el Padre Demetrio Santana. Entre sus integrantes más destacados figuran Kaitlin Garrido, Emenegilda Encarnación Melo, Romina Bayo y el padre Juan Santana de Jesús.
En el año 2003, en Santiago, comenzó a reunirse semanalmente un grupo de jóvenes escritores bajo la orientación de la poeta Sally Rodríguez. En 2004 se decidió reorientar el grupo, el cual pasó a llamarse Taller Literario del Centro. Está dirigido desde entonces por el crítico José D'Laura y coordinado por Reyna Mendoza. Entre sus integrantes destacan Daniela Cruz, Augusto Bueno y Grey Montes de Oca (ganadores del Primer Lugar del Concurso de la Alianza Cibaeña). Además, son integrantes Arlyn Abréu, Carlos Núñez, Evelyn Taveras, Ana Carina Castillo, Israel Arias, Confesor Moscoso, Sandra Tomás, María Teresa Badillo, Magdiel Núñez, Judit Fernández, Edwin Solano, Laura Méndez, Arismendy Almonte, Anny Durán y Dorca Peralta.
Para el año 2004 se fundó la Dirección Nacional de Talleres Literarios y fue designado al frente de ésta el escritor William Mejía, en cuya gestión se crearon decenas de talleres literarios, se relanzaron muchos de los creados durante el Consejo Presidencial de Cultura, se crearon las bases para el intercambio de los talleres literarios en el marco de las ferias internacionales del libro, se instituyó el Certamen Nacional para Talleristas y se estimuló en la escritura a centenares de jóvenes de los centros educativos del país.
Para el año 2004 se creó en Barahona el Grupo de Poesía Informalista, fundado por Abraham Méndez, e integrado además por Carlos Sosa, Julio Gómez, Oriol Torres, Bienvenido Matos y Rolando Duvergé, entre otros.
Para el mismo año 2004 se creó en San Pedro de Macorís el Taller Literario René del Risco Bermúdez, fundado por Simeón Arredondo, e integrado por Ana Teresa Martínez, Joel Rivera, Aurora Ramírez, Julio Rafael Anglada, Amada Nolasco y Benito Ángeles Nieves, entre otros.
De igual modo, en ese 2004 se creó la Red de Talleres Literarios de San Cristóbal, la cual se extendió hasta diferentes lugares de la provincia y llegó a tener más de diez talleres juveniles bajo su control. Los creadores de esta red fueron Ramón Mesa Mesa e Isabel Florentino.
En el mismo año 2004 se creó el Taller Literario Manuel del Cabral, en Santo Domingo Norte, fundado por Félix Villalona, e integrado además por Francisco Santos, Freddy Moreta, Vicente Pichardo y Dariana Fernández, entre otros.
Por la iniciativa del profesor y escritor José Maldonado se creó en Hato Mayor, también en 2004, el Taller Literario César Cáceres Castillo. Entre sus integrantes más destacados figuran Raphaelina Altagracia De la Cruz, José Miguel Díaz Galay y Carol Beatriz Rodríguez Morla.
También en 2004, por la intención de Dulce María Pérez, se fundó en Higüey el Taller Literario Gerardo Jansen. Entre sus integrantes más destacados figuran Francisco Antonio Encarnación, Mayra Alejandra Mieses y Alexandra Eusebio Ruiz.
En 2005 apareció en Azua el Taller Literario “Mujer y Poesía”, fundado y asesorado por Rannel Báez. Entre sus integrantes están Lesgil Russy Valdez, Greici Féliz, Frainés Liranzo, Gilbania Ortiz, Mirna Méndez, Leonela Pérez y Rosenny Vargas, entre otras.
Para el año 2006, se creó en la Universidad Autónoma de Santo Domingo el Taller Literario Freddy Gatón Arce, fundado por Eulogio Javier. Entre sus integrantes figuran Antonio Reyes Sena, Cristina José y Juan José Silva.
En 2006 surgió el Taller Literario Los Nadie, fundado por Héctor Santana, en Herrera, Santo Domingo.
En el año 2006 Juan Freddy Armando creó en la Biblioteca República Dominicana el Círculo Creativo de la República el cual fue un espacio de experimentación creativa. Estuvo dirigido por Jorge Jiménez y Valentín Amaro. Participaron en este espacio Maribel Núñez, Alcedo Sánchez, Romina Bayo, Isabel Lora, Rosalina Benjamín entre otros.
Para el 2007 Pedro Pablo Fernández creó el Taller Literario Julio Cortázar y forman parte de este taller Maribel Núñez, Sergio Rosa, María del Carmen Ramírez, Cuquito Peña, Luis Meléndez, Miguel Núñez, Maritza Peguero, Valerio Rodríguez entre otros.Para 2007 se creó en San Cristóbal la Fundación Literaria Aníbal Montaño, presidida actualmente por Isabel Florentino, y que sin lugar a dudas es una de las instituciones más preocupadas por el tallerismo nacional y que ha obtenido importantes logros con talleres literarios jóvenes. Entre los valores jóvenes más destacados allí se hallan Yaina Melisa Rodríguez, Marquelis Valdez, Fidelina Rodríguez y Yoel Báez, los cuales tienen ya varios textos publicados.
De igual modo y a instancia del Dr. Bruno Rosario Candelier fue creado el Grupo Literario Franklin Mieses Burgos. El grupo estaba dirigido por Valentín Amaro y entre sus miembros figuraban Melania Emeterio Rondón, Minerva Hernández, Gastón Saint Fleur, Alcedo Sánchez, Sergio Rosa, Valerio Rodríguez, Marisela Mendoza, Magalys Oviedo, Moisés Santana entre otros.
También en 2007 se creó en San Francisco de Macorís el Taller Literario Ricardo Rojas Espejo, fundado por Lissette Ramírez. En el mismo participaron  Juan Olivo, Richard Vásquez  y César Barroso, entre otros.
Así mismo, en 2007 se creó en Mao, Provincia Valverde, el Taller Literario Dionisio López Cabral; integrado, entre otros, por Randolfo Ariostto, Carlos Reyes, Augusto Bueno, Carlos Paulino, Juan Diehpd y Bartolo Cabrera.
En 2008 se creó en Moca el Taller Literario Triple Llama, con un planteo de libertad estética e ideológica para los creadores. Fue fundado por el poeta Pedro Ovalles, y está integrado además por Wanda Rodríguez, Fabio Candelier, Jénnifer González, Winston Paulino, Yadira Rosario, Leoni Disla y Soneida Pérez, entre otros. Tiene como asesor a Eugenio Camacho.
En marzo del año 2009 fue designado al frente de la Dirección de Talleres Literarios, de la Secretaría de Estado de Cultura, el escritor y educador Valentín Amaro. En el presente se está en un proceso de creación y relanzamiento del tallerismo por todas las provincias del país. Como parte de la primera muestra de este trabajo se halla la creación en Neyba del Taller Literario Apolinar Perdomo, en La Vega del Taller Literario Juan Bosch, en Elías Piña del Taller Literario Salomé Ureña, en Tenares del Taller Literario Francis Livio Grullón, Gaspar Hernández el Taller Literario Salomé Ureña, en Baní el Taller Literario Héctor Incháustegui Cabral y en el barrio Gualey de Santo Domingo el Taller Literario Andrea Jiménez. También el Taller Literario Aída Cartagena Portalatín del barrio Capotillo y el Taller Literario Narradores de Santo Domingo que funciona en la sede central del Ministerio de Cultura.
Los talleres o escuelas de formación literaria que dependen de esta oficina poseen unos programas de lectura y prácticas de escritura creativa, así como un programa continúo de formación para los coordinadores nacionales. La actual dirección, a través de distintos programas, busca consolidar el Sistema Nacional de Talleres Literarios en toda la geografía nacional.